El Gobierno lleva tanteando una reunión entre Pedro Sánchez y Carles Puigdemont desde que se aprobó la ley de amnistía en el Congreso, hace más de dos años, aunque entonces no se esperaba el freno a su aplicación por parte del Tribunal Supremo. Unos meses después, coincidiendo con el tradicional balance de final de año, el jefe del Ejecutivo alentó un encuentro incluso antes de que se pronunciase sobre la norma el Tribunal Constitucional. La posibilidad de celebrar este encuentro se fue enfriando posteriormente, al igual que la relación de Junts con el Gobierno, y ahora ni siquiera el aval de la justicia europea la ha puesto en la agenda de Moncloa.
El Gobierno lleva tanteando una reunión entre Pedro Sánchez y Carles Puigdemont desde que se aprobó la ley de amnistía en el Congreso, hace más de dos años, aunque entonces no se esperaba el freno a su aplicación por parte del Tribunal Supremo. Unos meses después, coincidiendo con el tradicional balance de final de año, el jefe del Ejecutivo alentó un encuentro incluso antes de que se pronunciase sobre la norma el Tribunal Constitucional. La posibilidad de celebrar este encuentro se fue enfriando posteriormente, al igual que la relación de Junts con el Gobierno, y ahora ni siquiera el aval de la justicia europea la ha puesto en la agenda de Moncloa.
Fuentes del Ejecutivo trasladan que dicho encuentro “no está ahora mismo sobre la mesa”. Si bien se reconoce que se trata de un compromiso, se desliza que el desinterés tiene que ver más con Puigdemont que con Sánchez. A falta de una interlocución directa desde la ruptura del acuerdo de investidura en octubre de 2025, se interpreta que en la cúpula de Junts “no le ven sentido” ahora mismo. Este mismo viernes, el secretario general de Junts, Jordi Turull, negó que se hayan producido contactos entre su formación y el PSOE tras el aval europeo a la amnistía y tachó de "comedias sin sentido" cualquier posible acercamiento entre ambos partidos o una hipotética reunión con Puigdemont.
"Como no han cumplido muchas de las cosas a las que se habían comprometido, montar según qué comedias no tiene sentido", afirmó el dirigente de Junts en una entrevista en ‘3Cat’. Fuentes posconvergentes aseguran que la relación con los socialistas y con el presidente del Gobierno está "igual" que siempre, pese a la sentencia el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Una relación que ha sufrido crisis tras las imputaciones de Santos Cerdán, primero, y de José Luis Rodríguez Zapatero, después, pues ambos eran interlocutores con el entorno Puigdemont.
Aun con diferentes posiciones dentro del Ejecutivo, se impuso la idea de enmarcar este hipotético encuentro como colofón a una negociación presupuestaria. Los socialistas no pierden la esperanza de volver a sentarse con Junts para acercar su apoyo, pero estos ya han visibilizado su total rechazo al tumbar los objetivos de estabilidad en el Congreso junto a PP y Vox.
Fue precisamente hace un año, en el anterior intento de sacar adelante unas cuentas públicas, cuando Moncloa volvió a alentar una reunión entre Sánchez y Puigdemont. Como un paso consecuente, justificaban, “con la ley de amnistía” y tras el aval del Constitucional. No sé exactamente cuándo me reuniré, pero evidentemente me reuniré con los líderes tanto de Esquerra Republicana como de Junts per Catalunya”, había asegurado el jefe del Ejecutivo meses antes.
Con Oriol Junqueras, dicho encuentro público se produjo en enero de este año en Moncloa para pactar la financiación. Previamente, Sánchez y el líder de ERC habían mantenido al menos dos reuniones privadas que no trascendieron.
Dentro del Gobierno siempre hubo debate sobre los costes y beneficios de esta hipotética reunión, sobre todo antes de que se consumara la ruptura con Junts y como respuesta a las amenazas que se lanzaron previamente. Se trataba entonces de rehabilitar al líder de Junts como “interlocutor político”.
Falta de interés por ambas partesLa exvicepresidenta primera, María Jesús Montero, llegó a apostar públicamente por celebrar dicho encuentro, aunque lo enmarcó en una opinión personal. “No estaría mal que [Pedro Sánchez] se pudiera ver con Puigdemont. Me da igual cuándo, tampoco dónde, lo importante es normalizar la situación”, aseguró a principios del pasado año. Otros ministros se inclinaban por esperar a la aplicación de la amnistía y había quien prefería seguir la lógica política para que dicha reunión se asociase a un acuerdo trascendental, como serían los Presupuestos.
La foto sigue en el aire y se trata de argumentar que ha disminuido el interés desde ambas partes. Con todo, a estas alturas de la legislatura se trata de reducir cualquier coste político, como demuestra el objetivo del Gobierno de asociar la amnistía al fin del ‘procés’ para intentar amortizar el rechazo social a la norma. A la espera del regreso de Carles Puigdemont cuando los tribunales dictaminen el levantamiento de las órdenes de detención, en el PSOE priorizan reconciliarse con el electorado que les dio la espalda por sus pactos con los independentistas.
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