Investigadores detectan en perros un patrón de actividad cerebral parecido al que aparece en las personas cuando deben frenar un impulso
En España hay más de 7,5 millones de perros registrados, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Sentarse, esperar o detenerse ante un simple “no” son algunas de las órdenes que muchos de ellos aprenden durante su vida. Pero cumplirlas exige algo aparentemente sencillo: frenar aquello que estaban a punto de hacer.
¿Qué ocurre en su cerebro justo en ese momento? Un nuevo estudio de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) y el Centro de Investigación HUN-REN de Ciencias Naturales, ha encontrado que los perros muestran un patrón de actividad cerebral similar al que aparece en los humanos cuando ejercemos autocontrol. La investigación ha sido publicada en la revista Animal Cognition.

No todas las formas de detener una conducta funcionan igual. Un animal puede quedarse inmóvil de manera prácticamente automática al detectar una amenaza. Sin embargo, resistirse a hacer algo que desea requiere otro tipo de control. En los humanos, este proceso está relacionado con los lóbulos frontales del cerebro. Cuando una persona debe contener un impulso, la electroencefalografía (EEG) permite detectar un aumento de las llamadas ondas theta frontales.
Los investigadores querían saber si algo parecido sucedía con los perros. Para comprobarlo utilizaron EEG no invasivos, una técnica que permite registrar la actividad del cerebro sin necesidad de sedar al animal. En total, analizaron 226 grabaciones de unos 30 segundos realizadas a 14 perros. En algunas, los animales tenían que obedecer una orden y contenerse; en otras, simplemente permanecían sin realizar ninguna tarea concreta.
Lee también
Cuando los perros tenían que contener su comportamiento, las ondas theta eran más pronunciadas. Por tanto, los resultados apuntan a que, cuando un perro obedece una orden para frenar una acción, su respuesta no es simplemente automática. La actividad cerebral registrada durante esos momentos presenta características similares a las observadas en humanos cuando ejercen autocontrol.

El hallazgo va más allá de entender qué sucede cuando un perro escucha un “no”. Los investigadores creen que estos animales pueden convertirse en un modelo útil para estudiar determinados procesos relacionados con los lóbulos frontales.
Los perros viven en los mismos entornos que los humanos y se enfrentan a muchos estímulos sociales similares, pero envejecen más rápido. Esto permite estudiar en menos tiempo cómo determinados factores relacionados con la edad y el desarrollo afectan al cerebro.
El equipo investiga desde hace años si estos animales pueden ayudar a comprender mejor condiciones humanas como el TDAH o la obesidad, en las que las funciones asociadas a los lóbulos frontales pueden desempeñar un papel.
Además, haber detectado estas señales mediante un EEG no invasivo abre la puerta a estudiar con mayor facilidad el cerebro canino. Y también ayuda a explicar qué puede estar sucediendo detrás de una escena cotidiana: un perro quiere hacer algo, escucha que no debe hacerlo y, finalmente, consigue contenerse.