La niebla inunda las viejas calles de Dublín. El reloj marca las cuatro de la mañana del 20 de diciembre de 2012, y el sonido de un viejo saco de boxeo retumba entre sus casas, de pizarra fría y repletas de nieve. No hay nadie a dos kilómetros a la redonda. La ciudad duerme mientras Conor McGregor repite una combinación dentro de un modesto gimnasio, que él mismo ha conseguido abrir con la llave que robó a su entrenador el día de antes. Lo hace junto al responsable de Severe MMA, canal de YouTube que da voz a los aspirantes emergentes en Irlanda. Viene de desayunar un combinado de avena con frutas y leche que había obtenido de una ONG caritativa de Crumlin, un suburbio situado al sur de la capital de Irlanda, donde residía junto a su novia.